AGUAS OSCURAS


Me encantan las películas de denuncia social y los dramas judiciales; y Aguas oscuras combina ambas cosas, así que tenía bastantes ganas de verla. Basada en un hecho real, el director Todd Haynes nos ofrece la historia de Robert Bilot, un abogado idealista que lleva pleiteando más de veinte años con una de las grandes empresas químicas estadounidenses (DuPont) por haber estado más de cuatro décadas envenenando las tierras y las aguas de una extensa población de Virginia. Mark Ruffalo interpreta estupendamente a Bilot, mimetizándose física y gestualmente con él (no hay más que verlos en algunas de las muchas entrevistas que han dado juntos a raíz de la película). Hace un gran trabajo Ruffalo, por tanto; crea un gran personaje que recuerda (por su bondad, su obstinación y su afán de justicia) al del periodista que encarnó en otra gran película de denuncia, Spotlight (2015, Tom McCarthy).

Haynes, es cierto, construye su película utilizando una estructura narrativa clásica en este tipo de historias: el héroe accidental que no cree inicialmente en el caso, pero que, a medida que va descubriendo hechos y pruebas, termina obsesionándose por la justicia del mismo hasta el punto de poner en el disparadero su propio prestigio, su economía, incluso su relación matrimonial. En ese sentido, el Bilot de la película es muy similar a otros personajes que hemos visto anteriormente en el cine (como el Jim Garrison que interpretó Kevin Costner en la genial J.F.K. Caso abierto, 1991, Oliver Stone). Tampoco es excesivamente original la lucha desigual entre la gran corporación empresarial (Goliat) y ese minúsculo David que se atreve a emprender una desigual batalla con el único valor de la verdad; hay mucha tradición cinematográfica en EEUU sobre este tipo de pleitos: lo hemos visto en Veredicto final (1982, Sidney Lumet), Acción civil (1998, Steven Zaillian) o Destellos de genio (2008, Marc Abraham). De igual forma es bastante típica la trama doméstica en estas historias: la esposa abnegada que ve como la obsesión de su bondadoso y valiente marido le acaba pasando factura a su relación familiar. En este caso, la esposa está interpretada correctamente (gran actriz) por Anne Hathaway.


Todas estas similitudes con patrones muy vistos ya en otras películas consiguen que Aguas oscuras se vea como una película más de género en la que adivinas perfectamente los giros, las trabas y las soluciones que el director va a elegir casi en cada momento. Eso no quiere decir que sea mala, ni mucho menos; es una película interesante, con muy buen ritmo y unas magníficas interpretaciones (especialmente Mark Ruffalo, que hace un trabajo descollante). Que le falte originalidad no quiere decir que no tenga ese punto de emoción (incluso de épica) en varios momentos en lo que el espectador empatiza claramente, como es lógico, con el lado de las víctimas y “los buenos”. Es una gran historia también desde el punto de vista ético (basada, por cierto, en un polémico artículo publicado hace unos años en The New York Times), de esas que calan automáticamente en la sociedad por el punto de gravedad que aporta. También es de esas denuncias que consigue incomodarte en la butaca y salir de la sala pensando que te quedan dos telediarios por culpa de las grandes corporaciones mundiales que, auspiciadas por todos los corruptos gobiernos, nos están matando lentamente con una sonrisa en los labios. Cosa que seguramente sea cierto (escribo esto un par de horas después de ver la película, aún con el susto en el cuerpo).

Entretenida película. La verdad es que el cine norteamericano le tiene muy tomada la medida a este tipo de historias y siempre resultan satisfactorias. Ah, y que no se me olvide: ¡qué alegría ver de nuevo a Tim Robbins en la gran pantalla! No se prodigaba mucho últimamente y está espléndido también en ese papel de jefe y principal valedor de Bilot.

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Lo mejor: Los tics y la cara de bonachón de Mark Ruffalo.

Lo peor: La trama familiar, lo siento, pero me aburre algo.

Gustará: A los fans de The Good wife (cómo echo de menos a Alicia Florrick).

No gustará: A las vacas. Que no vean la peli. Pobres.

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CALIFICACIÓN: 


El final es agridulce. Es verdad que en los títulos de crédito se nos deja un mensaje más optimista sobre la lucha de Bilot (que aún continúa), convertido ya en un verdadero héroe de esa comunidad de Virginia. Pero su discurso (algo impostado) en el momento en el que se entera de que DuPont no se rinde y decide romper el pacto, tiene un tono apocalíptico que afloja el vientre hasta al Capitán Trueno.

Entre esa insinuación de contubernio global y corrupción institucionalizada, y el canguelo que me ha entrado con lo del teflón, estoy deseando terminar este artículo para irme a la cocina y tirar todas mis sartenes. Luego voy a mirar en internet a ver si venden algún búnker en alguna parte de la Antártida.

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