THE GENTLEMEN. LOS SEÑORES DE LA MAFIA


No seré yo quien critique a los cineastas que tratan de reinventarse, salir de su zona de confort y explorar nuevos caminos artísticos. Siempre es de aplaudir el atrevimiento. Pero cuando eso no funciona, cuando los fracasos se acumulan en esa búsqueda, no es mala idea volver a hacer lo mejor que uno sabe. Y lo mejor que sabe hacer Guy Ritchie es crear historias en ese universo gangsteril tan personal y del que han surgido películas tan magníficas como Lock & Stock (1998), Snatch. Cerdos y diamantes (2000) o RocknRolla (2008). Así que, después de filmes tan innecesarios como Sherlock Holmes (2009) y su también mediocre secuela, la aburridísima Rey Arturo: la leyenda de Excalibur (2017) o la penosa Aladdin (2019), me alegro de que el bueno de Guy haya vuelto a los suburbios de Londres para contar, con ese estilo narrativo tan particular plagado de elipsis, flashbacks y trucos de montaje para despistar al espectador, una historia de gángsters con el humor negro, la acción y los códigos de siempre: guerra de bandas, traiciones, capos compitiendo para ver quién la tiene más larga, crímenes, engaños, ambición, femmes fatales, drogas, boxeadores del hampa y secuestrados encerrados en el maletero de un coche (con plano contrapicado clásico -guiño a Quentin Tarantino- que no puede faltar en cualquier película de este género que se precie).

En este caso, Ritchie utiliza una construcción narrativa bastante original. Hugh Grant (que está espléndido en un papel muy distinto a los que nos tenía acostumbrados) interpreta a un periodista ambicioso que trata de chantajear a uno de los capos de la marihuana londinense (Matthew McConaughey). Para ello, le cuenta a su lugarteniente (Charlie Hunnam) todo lo que sabe y lo que intuye sobre los entresijos de la banda y sus tratos con otras familias mafiosas que quieren quedarse con el negocio. Aprovecha Ritchie esa larga conversación entre el periodista y el gángster para ir construyendo el relato, quedándose, por supuesto, con algunas sorpresas y efectos para el final (marca de la casa también). Por cierto, que esta es casi la única pega que le pongo a la película: esa manía del director de rizar el rizo, de buscar el giro del giro en el desenlace. Es tan habitual en este tipo de historias (no solo en el cine Ritchie, sino en la mayoría de los thrillers) que ya estás sobre aviso y esperas ese triple salto mortal en el último instante, lo que desluce, en ocasiones, el resultado final porque casi siempre chirría en mayor o menor medida. Aunque en este caso, el cierre está bastante bien conseguido, todo hay que decirlo.


Los tres actores están muy bien. Lo cierto es que el oscarizado Matthew McConaughey ya hace mucho tiempo que se quitó el sanbenito del guaperas romántico de sus inicios profesionales y demuestra con cada trabajo que es un excelente actor. Destaca también el siempre eficaz Colin Farrell. Y deslumbra, como nunca, Michelle Dockery. Si en Downton Abbey me fascinaba su bellísima frialdad, aquí me deja boquiabierto. Otra cosa que me encanta del cine de Ritchie son sus personajes. Suele construir personajes estupendos que, aun manejándose en el tópico gangsteril, siempre poseen algún detalle original. También esta vez.

Conviene advertir a los fans de esos primeros títulos, que esta es una película más narrativa y pausada que aquellas, con menos acción y menos violencia. En ese sentido, The Gentlemen. Los señores de la mafia, es la menos salvaje de esa filmografía del Londres criminal. Si alguien busca ese ritmo sanguinario y frenético de Lock & Stock o Cerdos y diamantes, quizás se sienta un poco decepcionado, ya que en The Gentleman está mucho más dosificado. Cosa que a mí no me importa, en absoluto.

Gran noticia el retorno de Guy Ritchie a ese tipo de cine que tan bien se le da. Leo que está rodando otra película de robos y atracos y me alegro. Déjate de Aladinos, Guy, y céntrate en lo tuyo, que lo haces muy bien.

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Lo mejor: Los diálogos y los taconazos de Michelle Dockery.

Lo peor: Alguna trama demasiado arquetípica, como la del chino codicioso y traidor.

Gustará: A los amantes del cine de gángsters y a los que se prendaron de la gélida y caprichosa Mary Crawley en Downton Abbey (como es mi caso). También a los que estaban enamorados de Jax Teller en SOA (como es mi caso también).

No gustará: A los fans de Aladdin (si es que hay alguno).

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CALIFICACIÓN:  7.5 



No es mal giro el del ruso y su venganza por la muerte de su hijo yonki. No lo esperaba, la verdad, aunque Ritchie avisa con aquello de una buena acción que arrastra otra mala. Al final adquiere una gran trascendencia la trama de la chica rica y la visita de Ray al narcopiso, al estilo de Vincent y Jules en Pulp Fiction (1994, Quentin Tarantino).

Menos me convence lo desdibujado que queda al final el personaje de Hugh Grant. Ahí sí creo que se precipita Ritchie con un cierre poco afortunado para el periodista y su improvisación final de conectarlo con los rusos. Pelín forzado.

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