INVISIBLES


Tres maravillosas actrices y unos diálogos excelentes. Sobre esos dos pilares construye Gracia Querejeta este modesto, sencillo y estupendo drama teatral en el que la palabra y los sentimientos son los protagonistas absolutos. Julia, Elsa y Amelia (Nathalie Poza, Emma Suárez y Adriana Ozores) son tres mujeres de mediana edad que se reúnen todos los jueves para dar un paseo matutino por el parque. Aprovechan ese paseo semanal para conversar sobre sus problemas, preocupaciones e inquietudes. Son tres mujeres muy diferentes: una profesora frustrada por haber perdido su vocación docente; una ejecutiva muy independiente, acostumbrada a ser el centro de atención de los hombres, que se niega a aceptar el paso del tiempo; y una mujer acomplejada por sus fracasos sentimentales y que vive una auténtica guerra de celos con la hija de su nueva pareja.

Cada jueves, las tres mujeres pasean y hablan. Esa es la arquitectura de toda la película. Sin embargo, las tramas que ellas van desgranando por entregas son tan interesantes y están tan bien construidas que atrapan al espectador. Eso y las tres fantásticas actrices. Los matices que consiguen en cada uno de los personajes son la guinda de sus respectivas historias. La relación entre las tres está formada por claroscuros que, lejos de agrietar la amistad, le dan un sentido intenso y vivo: triste, divertido, grave, trivial, pero siempre auténtico. En esas conversaciones las tres mujeres discuten, desconfían, se mienten, se preocupan, se desprecian, pero, sobre todo, se cuidan y se quieren.


Esos paseos episódicos van reflejando el delicado momento que viven estas tres amigas en la fina línea entre la madurez y el vértigo por la pérdida de la ilusión. Entre afilados comentarios, reproches y humor muy negro, las tres mujeres van descubriendo sus verdaderos miedos: el terrible distanciamiento entre el docente y sus alumnos, la pérdida de la belleza y el terror a la soledad. Tres miedos que se resumen en el tópico literario del tempus fugit. Las tres mujeres se asoman con vértigo a esa etapa de la vida en la que los años empiezan a volar.

No es una película autocomplaciente ni amable. Divierte, emociona por momentos, hace pensar y deja un regusto tierno y amargo al mismo tiempo. Como la vida misma.

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Lo mejor: El trabajo de las tres actrices.

Lo peor: Que a los que tenemos ya una edad nos hace pensar demasiado.

Gustará: A las estudiantes de Arte Dramático que sueñan con ser grandes actrices.

No gustará: A los que no les guste el teatro (si es que hay alguien así).

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CALIFICACIÓN:  6.5 



Como docente, la historia que más me impacta es la que protagoniza Adriana Ozores (que es, además, una de mis actrices preferidas). La mirada desencantada de esa profesora que ya no aguanta a sus alumnos, que se siente muy lejos ya de ellos (maravilloso monólogo ese) la he visto, desgraciadamente, en algún compañero. Y, a decir verdad, me aterra verla alguna vez en mi propio espejo.

Su tragedia es la que más me conmueve. Y la que más miedo me da.

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