HASTA QUE LA BODA NOS SEPARE


Hace unos meses vi una película que, incomprensiblemente, pasó bastante desapercibida en cartelera, pero que en mi opinión fue uno de los mejores filmes del pasado curso 2019. Me refiero a Litus, dirigida por Dani de la Orden. Era una película inteligente, sensible y emotiva sobre la amistad y la madurez, tras un suceso trágico que trastoca la vida de un grupo de amigos. Este joven director barcelonés presenta ahora Hasta que la boda nos separe, con un tono muy distinto, mucho más frívolo y desenfadado, pero con el mismo trío protagonista de Litus: un convincente Alex García, un divertidísimo Adrián Lastra y la siempre espléndida Belén Cuesta.

No esperaba mucho de Hasta que la boda nos separe, soy sincero. Creo que la comedia romántica (no solo la española, también la del resto de países) es el género que peor está envejeciendo en las últimas décadas. Qué lejos quedan ya Ernst Lubitsch, George Cukor, Billy Wilder o mi admirado Howard Hawks. Se pueden contar con los dedos de las manos las grandes comedias románticas estrenadas en los últimos treinta años: Cuando Harry encontró a Sally (1989, Rob Reiner), Mejor… imposible (1997, James L. Brooks), Lost in translation (2003, Sofía Coppola) o Medianoche en París (2011, Woody Allen). Y para de contar, casi.

Lógicamente, Hasta que la boda nos separe no se acerca a estos títulos; y tampoco sería justo condenarla por ello. Es un mal endémico el de este género, lastrado por unos guiones muy poco originales, por tramas mil veces explotadas y personajes tan arquetípicos como aburridos. Por eso es maravillosa Lost in translation (por ejemplo), porque Sofía Coppola rompe con todos los clichés y construye una hermosa historia en torno a dos personajes absolutamente originales que no necesitan caer en la caricatura para resultar divertidos ni besarse siquiera para demostrar que se aman.

Hablando de clichés, Hasta que la boda nos separe los tiene todos. Hasta el punto de constituir un verdadero repertorio de homenajes a otros títulos cómicos, sobre todo del cine norteamericano. A poco que hayas visto bastante cine estadounidense de humor (ese que protagonizan grandes nombres como Ben Stiler, Adam Sandler, Jennifer Aniston, Owen Wilson), irás reconociendo las tramas (la de la organizadora de bodas a la fuga es bastante evidente), los arquetipos, incluso muchos gags. Desconozco si esos clichés estaban ya en la película original (esta de Dani de la Orden es un remake de un film francés) o son propios de la producción española. Tanto da. La historia es lo más flojo de este último trabajo del director catalán. Incluso la trama romántica que plantea es tan evidente en su desarrollo que no logra generarme un mínimo de emoción. Desde el planteamiento inicial, sabes perfectamente cómo va a evolucionar y qué desenlace tendrá.


Lo que sí hay que reconocerle a la película (además del buen trabajo de sus actores) es que logra el objetivo principal de toda comedia: la risa. La película, aunque sus chistes y sus líneas argumentales no sean demasiado originales, es divertidísima. Tiene varios momentos verdaderamente hilarantes, algunos de ellos basados en gags muy cáusticos y bizarros que recuerdan al atrevimiento de los primeros títulos de los hermanos Farrelly.

Como ocurre en casi todas las comedias españolas, el brillo de sus actores salva el producto final. En ese sentido, no tengo duda: nuestro cine tiene actores fantásticos para la comedia. Belén Cuesta está en un momento que transforma en oro cada papel que le llega a las manos. Muy destacable es también el trabajo de un secundario de esos que, no sé por qué motivo, cuesta encontrarlo en las producciones cinematográficas, pero que a mí me resulta siempre irresistible: Antonio Dechent.

En definitiva, una comedia romántica tan poco original como las decenas y decenas que se realizan cada año, pero que, a diferencia de otras muchas, cumple un objetivo que no es baladí: hacerte reír a mandíbula batiente. No es poco.

Aun así, espero volver a ver pronto al Dani de la Orden de Litus.

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Lo mejor: Los gags. Muchos no son originales (el del perro es muy reconocible), pero en la mayoría de los casos mejoran el chiste original.

Lo peor: La historia de amor. La he visto, sin exagerar, varios centenares de veces.

Gustará: A los organizadores de bodas.

No gustará: Al PACMA. A algún votante de PACMA le puede dar algo.

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CALIFICACIÓN: 



El chiste del perro. Creo que recordaré esta película por esa escena. Ya me pareció lo mejor de Algo pasa con Mary (1998, Hermanos Farrelly), donde aparece el chiste original. Pero creo que Dani de la Orden ha sabido amplificar el efecto cómico de la escena, añadiéndole los dos personajes gays y ese puntito gore que, lo siento, pero hizo que me doblara en la butaca de la risa. Una pena que no sea un gag totalmente original, porque si fuera así, merecería la pena ver la película solo por ese momento.

Y una pena también que lo de Antonio Resines sea solo un cameo. Esperaba que su intervención fuera mucho mayor. Otro actor que se prodiga últimamente menos de lo que un servidor deseara.



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