VIOLET Y FINCH
Intento fallido de película romántica de adolescentes
con ingredientes melodramáticos, filosóficos y poéticos que no terminan de
formar un cóctel demasiado original. Al contrario, tengo la sensación de haber
probado esos resabios en otros muchos combinados que, además, tampoco es que me
dejaran un gran sabor de boca. Imagino que Brett Haley quería rodar una
de esas historias de amor que siembran de pañuelos de mocos y pucheros las
salas de cine. Pero entre que el coronavirus arrincona el estreno en la
parrilla de Netflix, y que la película no da para mucho más allá de alguna
lagrimilla (en época sensiblona como
esta), creo que Violet y Finch
se queda en un telefilme lacrimógeno que recuerda demasiado a aquellos que
proyectan las televisiones los sábados o domingos por la tarde.
Los chicos lo hacen bien, sobre todo Elle Fanning,
que es una estupenda actriz (está encantadora en la última de Woody Allen estrenada
hace unos meses: Día de lluvia en
Nueva York). El problema es que no me termina de emocionar su historia
de amor, por típica y, también, por exagerada. Me parece que todo lo que ocurre
está forzado en el guion para enternecer el corazoncito del espectador y para
hacerle empapar los pañuelos. Se riza demasiado el rizo del melodrama. Las grandes
historias de amor triste son otra cosa; no necesito que me metan el dedo en los
ojos viendo una película para que se me humedezcan. Además, el esquema que
sigue la historia es harto conocido: chica que tiene problemas conoce a chico;
a pesar de que ella lo rechaza en un principio, chico consigue ayudar a chica;
pero entonces es chico el que tiene serios problemas y necesita a chica. El
giro final da igual que caiga de un lado u otro; solo los tramos de la relación
ya me han aburrido. Como he dicho antes, casi no hay nada en esta anodina
historia que no haya visto ya antes. Incluso el inicio (Violet está a punto de
suicidarse arrojándose desde un puente cuando la encuentra Finch), lo he visto
hasta en una película de Raphael (por cierto, bastante mejor que esta: Cuando tú no estás, 1966, Mario
Camus).
Con todo, tiene algún momento emotivo y una
estupenda fotografía. Pero, lo siento, en mí, más que lloros, provocó bostezos.
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Lo mejor: Los maravillosos paisajes rurales de Indiana.
Lo peor: Los estereotipos que utiliza el guion para tratar los problemas mentales
de ambos personajes.
Gustará: A los que crean que El diario
de Noa es una gran película de amor.
No gustará: A los que crean que El diario de
Noa no es una gran película de amor.
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CALIFICACIÓN: 3
El cambio de roles tan inesperado en los personajes
y su evolución no me parece coherente. Violet está tan deprimida por la muerte
de su hermana que piensa en el suicidio. En ese momento, conoce a Finch, un
chico algo extraño, pero que, poco a poco, la enamora y le enseña lo
maravillosa que es la vida. Pero cuando ella está recuperada, conocemos el lado
oscuro y traumatizado de Finch. Él, que ha conseguido sacar del terrible pozo a
Violet, se hunde en su pozo particular y acaba suicidándose por unos traumas que
descubrimos, de repente, en la parte final de la película. Sin embargo, ella,
después de haber perdido a su hermana y ahora a su novio, lo encaja mejor esta
vez, a pesar del nuevo mazazo. No sé, Rick… me parece muy cogido con hilos. Y
demasiado cruel para el bueno de Finch, que predica una alegría y una fuerza
que él mismo no posee.
Ese último viaje de Violet a la iglesia (donde Finch
le ha dejado escondido un último y poético mensaje antes de suicidarse) y ese
baño en el río donde él se ahogó, creo que son recursos de novelita romántica
más efectistas que realmente emotivos. Se busca esa catarsis final para forzar
la lagrimita y el mensaje de optimismo, cuando, demonios, Finch se ha quitado
la vida sin que nadie le haya ayudado realmente a él.


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