EL ESCÁNDALO
Aunque no fue tan conocida internacionalmente (sí en
USA) como el movimiento #MeToo, la denuncia sexual sobre Roger Ailes (fundador y
director de Fox News) saltó a los medios norteamericanos como uno de los mayores
escándalos de los últimos tiempos. Fue una presentadora de la cadena (Gretchen Carlson), tras
ser despedida, la que interpuso una demanda por acoso al magnate, provocando un
juicio mediático que acabó por arrastrar al retrete la carrera de Ailes, hasta entonces
protegido por los propietarios de la cadena, la familia Murdoch. A esa primera
denuncia de Carlson (interpretada estupendamente por Nicole
Kidman) se unieron otras muchas mujeres, tras lo cual, los
Murdoch no dudaron en cortarle la cabeza a Ailes para blanquear la imagen de la empresa. Entre esas otras mujeres
ultrajadas que salieron a la palestra destacó otra de las grandes estrellas
televisivas de la Fox: Megyn Kelly (encarnada por Charlize Theron). Las dos actrices (Nicole y Charlize) realizan un trabajo fabuloso en la película, a pesar del penoso
maquillaje y las prótesis que les han puesto para parecerse algo más a las
presentadoras reales. No creo que fuera necesario y resulta, por momentos,
molesta esa falta de naturalidad en los rostros durante muchos planos. Sobre
todo, en el caso de la Kidman, a la que le han colocado una barbilla más propia
de Fred Astaire.
Aun así, están espléndidas ambas. Más Nicole que Charlize, en mi
opinión. No entiendo por qué la primera no ha sido nominada a los Óscars. Charlize sí, aunque no
creo que lo gane (ya le están grabando, merecidamente, el nombre de Renee Zelweger a la
estatuilla dorada). Quien también ha recibido la nominación es el tercer
estrellón de la película, Margot Robbie. Ella no interpreta a ningún personaje real; su papel, sin embargo,
simboliza a las muchas jóvenes ingenuas, guapas y ambiciosas que cayeron en las
garras de Ailes, tras las promesas de este de promocionar sus carreras en televisión.
¿Qué se puede decir de esta actriz que no sepamos ya? Pues que con cada
película demuestra el inmenso talento que tiene y desde la maravillosa película
de Scorsese El lobo de Wall Street (2013) no ha parado de deslumbrar con actuaciones fantásticas. Este año,
además de El escándalo, tiene otros dos grandes trabajos en cartelera: Érase una vez… en Hollywood (Quentin Tarantino) y la recientemente estrenada Aves
de Presa (Cathy Yan). Una carrera meteórica que puede ser coronada mañana con el Óscar (es
mi favorita en su categoría, Mejor actriz secundaria).
No solo ellas están de lujo. También él, el malo. Alies está
interpretado por un secundario impresionante que se ha sacado de la chistera uno
de sus mejores trabajos: John Lithgow. También me resulta increíble que no haya sido incluido en la categoría
de Mejor actor secundario (aunque, a decir verdad, en este apartado hay tortas
por la enorme calidad de los actores nominados). Está inmenso, en todos los
sentidos, el bueno de Lithgow. Su odioso personaje resulta tan nauseabundo y paranoico como, por
momentos, patético y pueril. De esos personajes que hipnotizan al público en
cada toma.
Además de este tremendo póker de actores, la
película está narrada con un ritmo electrizante, con esa mezcla atinada de
realismo, drama y suspense que este cine de denuncia americano suele ofrecer. A
base de brevísimos flashbacks, el director Jay
Roach va componiendo el puzle de despreciables comportamientos
de Ailes, al
mismo tiempo que desgrana la lucha de unas mujeres valientes que decidieron
arriesgar su carrera para reafirmar su dignidad y su valía profesional.
La película descansa en gran medida en las
actuaciones de estos magníficos actores, pero la sucia trama sobre la que se
basa la historia es tan cotidianamente repugnante que la reflexión del
espectador resulta de lo más dolorosa: ¿cuántos casos Ailes habrán
existido y existirán, en esas y otras muchas esferas laborales?
El escándalo es una excelente película que nos recuerda, con esperanza, que las cosas
están cambiando en los últimos años. O, al menos, se está abriendo una pequeña brecha
de luz en esa oscura tradición machista. Queda mucho por hacer, pero gracias a
mujeres como Gretchen Carlson, Megyn Kelly o todas las actrices (como Allysa Milano) que se atrevieron a alumbrar el hashtag #MeToo con sus testimonios, el
camino empieza a ser algo menos peliagudo.
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Lo mejor: Me voy a mojar: Nicole Kidman.
Lo peor: La barbilla de Nicole Kidman.
Gustará: A Leticia Dolera.
No gustará: A Plácido Domingo.
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CALIFICACIÓN: 7.5
En un momento determinado, las tres mujeres acosadas
durante distintas épocas por Ailes, coinciden en un ascensor. Las miradas entre ellas son muy
significativas. Esa mezcla de desconfianza, rivalidad, vergüenza y, sobre todo,
silencio culpable, es de una tensión formidable, porque es precisamente lo que
el monstruoso magnate machista promovía entre ellas: la lealtad hacia él se
reflejaba enfermizamente en una insólita competencia entre ellas. Así de
perverso es el poder y así de sucia su manipulación. Es la mejor escena de la
película.
Gretchen Carlson (al
igual que todas las denunciantes) tuvieron que firmar un acuerdo de silencio y
confidencialidad que les impide volver a hablar del asunto públicamente. Ella
ha fundado una empresa para asesorar a las mujeres para que no se dejen engañar
por este tipo de acuerdos previos en sus contratos. Al final de la película,
cuando los abogados le recuerdan ese pacto de silencio y el hecho de que no
podrá hablar sobre Ailes y la FOX, Gretchen sonríe pícaramente y dice:
"Puede". El guiño es claro.


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