EL SUMILLER


No me gusta el vino, lo siento, soy así de simple. Si me gustara o entendiera algo de ese mundo, podría hacer una analogía fácil, algo así: película fresca, agradable, con buen poso y el punto justo de acidez, como un bueno vino joven. ¿A que da el pego?

No obstante, aunque soy mucho más de Coca Cola (suena cutre, pero es la verdad), algo similar a ese análisis ficticio es la sensación que me deja la cata (es difícil evitar las metáforas) de esta primera película de Prentice Penny. Es una película sencilla, que mezcla la sofisticación del arte vitícola, con el melodrama familiar, la historia de superación y el estridente rap de una banda sonora que comienza siendo algo molesta, pero acaba cuajando bastante bien. El sabor final no es extraordinario, pero sí lo suficientemente interesante como para recomendarlo a otros comensales (prometo dejar las metáforas enológicas ya).

Se trata de una película bien interpretada, en la que destaca el trabajo de los dos protagonistas masculinos: el joven Mamoudou Athie y un secundario habitual de películas y series de TV (Courtney B. Vance); ambos interpretan la complicada relación paternofilial que constituye una de las tramas principales de la película. Este conflicto entre padre e hijo bien es verdad que no parte de una idea demasiado original: el padre ha levantado con mucho esfuerzo un fructífero negocio hostelero de venta de costillas, heredado también de su padre; sueña con que su hijo, Elijah, se haga cargo a su jubilación de la empresa familiar, ampliándola con un segundo local. Pero el muchacho tiene su propio sueño: ser un gran maestro sumiller. La decepción del padre al comprobar que su hijo no comparte su ilusión y el dolor del muchacho al sentir esa decepción paterna ocupan buena parte del drama. Elijah se ve obligado a elegir y debatirse entre su familia y su carrera en un equilibrio casi siempre imposible. En ese sentido, la historia nos recuerda a otras muchas películas de superación personal. También adorna Penny ese trance principal con una serie de tópicos algo manidos: la enfermedad, la crítica racial (aunque está matizada con mucho humor), el amor y la amistad. Todo ello envuelve la película en un aroma dulce (última metáfora, lo juro), pero muy reconocible y cercano casi al telefilme.


A pesar de esos lugares comunes que ocupan gran parte de la historia, esta se deja ver con agrado. Quiero creer que la ausencia de estrenos en salas durante la pandemia no está afectando a mi juicio crítico, pero realmente me ha parecido una película interesante. La narración fluye sin sorpresas, son mucha sutileza. Y eso es lo que más me ha gustado por parte de la realización de Penny: a pesar de los giros dramáticos, la dirección siempre huye de efectos excesivamente intensos o graves. Es de agradecer, sobre todo en los directores jóvenes, ávidos de mostrar su ímpetu cinematográfico, una construcción narrativa tan elegante y serena.

El mejor vino, lo he oído decir, no siempre es el que tiene un sabor más intenso.

Esta sí ha sido la última.

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Lo mejor: Las elipsis. Me gustan los directores que saben utilizar las elipsis.

Lo peor: Los hilos dramáticos se ven demasiado.

Gustará: A todo aquel que tenga un sueño extravagante y se vea con talento para él.

No gustará: A los empresarios neoliberales impacientes.

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CALIFICACIÓN:  6 


Me ha gustado el final. La sutileza con la que Prentice Penny concluye el conflicto entre padre e hijo: el primero acepta y asume que su sueño no tiene por qué coincidir con el de su hijo; y este, decide no rendirse y seguir intentándolo.

Me gusta que el director rechace un desenlace más edulcorado o innecesariamente explícito. Será interesante ver qué nuevas propuestas irá presentando en un futuro. No es una maravilla, pero sí te deja el regusto suficiente como para aceptar otro sorbo.

Ya. Ahora sí.


EL PLAN


Extraña e interesante película esta ópera prima de Polo Menárguez que adapta una pieza dramática de Ignasi Vidal. El joven director madrileño mantiene por completo la teatralidad del texto: toda la película transcurre en tiempo real, prácticamente en un único escenario (el piso de un barrio popular de Madrid) y está protagonizada únicamente por tres actores, cuyos vivos diálogos irán desplegando las distintas tramas. El plan cuenta una historia costumbrista (inicialmente, al menos) que parece moverse dentro de las coordenadas de la comedia realista, el retrato social y leves toques de thriller (el famoso plan); pero, en el fondo, esconde algo mucho más profundo.

La película descarga todo el peso de las tramas en los estupendos diálogos y en la interpretación del gran trío protagonista (Antonio de la Torre, Raúl Arévalo y Chema del Barco). En esas conversaciones irán apareciendo los diferentes temas que preocupan a esos tres perdedores: la familia, las relaciones de pareja, la precariedad laboral, los problemas económicos y el plan, siempre el plan. Los actores están fantásticos y, a pesar de que la película, argumentalmente, parece perderse algo a mitad del metraje (el espectador tiene claro ya que Polo Menárguez está haciendo trampas, que su palabrería no es más que un truco de prestidigitación para desviar la atención del público), son las interpretaciones las que salvan siempre esos momentos chirriantes. Pero lo hace muy bien el ilusionista, consiguiendo el truco dentro del truco. El problema es que, quizás, alarga demasiado los prolegómenos, juega en exceso al despiste y eso, efectivamente, desorienta algo y deja una sensación incómoda con el brusco cambio de tono final.


Poco más puede analizarse sin recurrir al spoiler, así que lo dejo para ese apartado. Solo que no es una película ligera, ni convencional; con sus defectos y errores, resulta un debut muy sugerente el de Polo Menárguez. Deja un buen sabor de boca esta primera propuesta cinematográfica y me quedan ganas de comprobar qué puede ofrecer este director en el futuro. Siempre es un placer recibir aire fresco y buenas ideas.

No es una película redonda, ni mucho menos; pero sí es una película, sin duda, sorprendente.

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Lo mejor: El trío protagonista. Fantástico.

Lo peor: Los cambios de tono. No siempre resultan acertados.

Gustará: A los amantes del teatro.

No gustará: A los seguratas.

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CALIFICACIÓN:  7 



Como decía antes, el director juega bastante bien con el público, escondiendo hasta casi el final ese terrible desenlace. Imagino que en el texto teatral esa era también la intención. Despista con el dichoso plan, aunque no tanto. Ya a mitad de película uno se da cuenta de que ese plan no es más que un falso mcguffin; aunque reconozco que pensé que sobre él recaería el efecto sorpresa final, posiblemente en forma de última broma. Eso me provoca cierto desconcierto durante el segundo acto y creo que las tramas (lo de la madre de Andrade, los problemas laborales, los cuernos) se difuminan en exceso. En esos momentos, el tono de la película pierde precisión, se vuelve confuso. Esas tramas caen en lo puramente anecdótico y artificioso; son puro relleno. Y se nota demasiado.

Tampoco el plan parece que vaya a ser lo que remonte la película. A esas alturas, tengo claro que ese plan no es un atraco (como parece al principio), ni algún tipo de acción relacionada con el despido del trabajo (cosa que también se baraja fácilmente). Pensar que pueda ser una simple broma para cerrar la historia me parece demasiado simplista. En realidad, es así (el plan no es más que un inocente partido de fútbol entre amigos); pero el chiste llega como oscuro contraste a la horrenda confesión de Ramón y a la constatación de algo que empieza a barruntarse, inesperadamente, durante los últimos minutos: sus problemas mentales. Y ahí es donde, afortunadamente, la película vuelve a crecer (es más, se agiganta), donde esos contrapuntos frívolos y costumbristas anteriores carecen ya de importancia, pues surge el horrendo tema capital de la historia: la locura de Ramón, el horrendo crimen. El desconcierto, la incredulidad, el verdadero terror de Paco y Andrade se transmite al espectador como una bofetada, con el mismo pasmo. ¿Pero esto qué es? ¿No estábamos viendo una comedia?

Lo cierto es que así llega la tragedia muchas veces, de la forma más inesperada. Ese tremendo final es lo que convierte una película entretenida en una historia durísima, distinta y original.

Lo reconozco. Es un desenlace impactante, brutal. Y Chema del Barco, en esos minutos finales, se come la pantalla. Bravo por él. Gran personaje.